Somos David y Mar (padre e hija) y te invitamos a participar en este proyecto.
Somos Cabras es una filosofía para quienes quieren elegir su destino.
Dicen que la cabra siempre tira al monte. Nuestra intención es ayudarte a encontrar tu "cabra interior" —lo que te mueve de forma natural, tus inquietudes y tus auténticos talentos— para descubrir por fin cuál es tu monte —es decir, tu vocación—.
En breve publicaremos un libro para darte las herramientas, las claves y el mapa que te ayuden a construir el camino hacia lo que de verdad te llene a nivel profesional, e incluso personal.
Anímate y dedícanos 4 minutos para rellenar el siguiente formulario, recibirás un ejemplar digital gratuito del libro.
Te agradeceríamos si lo compartes entre familiares, amigos, escuela, compañeros... necesitamos superar las 1000 respuestas para sacar conclusiones.
Había una vez una cabra llamada Kira que nació en un valle enorme, verde, cómodo y seguro.
Allí estaban todas las demás. Cada mañana hacían lo mismo, comían en los mismos lugares y seguían los mismos caminos. Cuando ella levantaba la vista hacia las montañas que rodeaban el valle, la respuesta general siempre era la misma:
—¿Para qué quieres subir ahí? Aquí se está bien. Es peligroso.
Pero Kira sentía curiosidad. Un día se acercó a ver la montaña de cerca y descubrió que era inmensa y difícil: piedras resbaladizas, pendientes imposibles y zonas sin camino. Durante un instante pensó en volver. Todo era más sencillo allí abajo. Pero, antes de regresar, levantó la vista y vio algo: arriba, muy arriba, había otras cabras. Muy pocas. Y parecía que contemplaban algo extraordinario. Así que decidió seguir.
El ascenso no fue fácil. Hubo días de caminos equivocados, de resbalones, de dudas y de ganas de abandonar. Abajo, el valle seguía siendo muy acogedor y seguro, y algunas cabras le gritaban:
—¡Vuelve! ¿Qué necesidad tienes? No merece la pena.
Otras, simplemente se burlaban:
—Mira la escaladora, se cree diferente.
Durante un tiempo dudó. Quizá tenían razón. Pero entonces recordó por qué había empezado: no para demostrar nada a nadie, sino para descubrir qué había arriba.
Cada paso, cada esfuerzo, cada tropiezo... le enseñó algo nuevo y la hizo más experimentada. Las mejores vistas no aparecieron al llegar a la cima; aparecieron durante el camino.
Un día llegó arriba. Kira miró alrededor y comprendió por qué tan pocas cabras lo conseguían: no era porque la montaña fuera imposible, sino porque la mayoría nunca lo intentaba. Y contempló algo que desde el valle era imposible de ver: todos los caminos, todos los montes, todos los horizontes... Kira dejó de ser invisible. Y fue entonces, al sentirse reconocida y valorada, cuando sintió la verdadera libertad de elegir su siguiente camino.
Abajo seguía estando el valle: enorme, verde, cómodo, seguro y lleno de cabras que nunca sabrían de lo que eran capaces. Kira sonrió, porque comprendió que no se trataba de ser mejor que las demás. Se trataba de elegir. 🐐
El nombre de Kira tiene un origen etimológico múltiple y muy evocador. Por un lado, en la cultura persa deriva del término antiguo khur, que significa «Sol» o «el que resplandece», asociándose con la luz y la claridad. Por otro lado, en la tradición eslava funciona como variante de Kiril y se traduce como «señora» o «soberana», simbolizando el poder y el autocontrol. Asimismo, cuenta con raíces en la cultura irlandesa, donde también se relaciona con la luz, consolidándose como un nombre corto, moderno y de gran riqueza simbólica.